Ahora es el Momento de Tom Spanbauer: Sentir la verdad

 




El 21 de septiembre, el mundo de la literatura perdió una voz única con la partida de Tom Spanbauer, quien falleció a causa de una falla cardiaca. Su muerte deja un vacío profundo, no solo por su ausencia, sino también por el impacto imborrable que tuvo en mí y en quienes leyeron sus libros. Tom no era un autor convencional; era un explorador de las emociones humanas más crudas y complejas, un maestro en el arte de la sutileza, que sabía cómo llevarnos a ese lugar incómodo donde las heridas son más profundas, pero también donde radica la verdad.

Entre sus trabajos más conocidos se encuentran ‘El hombre que se enamoró de la luna’, ‘La ciudad de los cazadores tímidos’, ‘Yo te quise más’, y mi favorito, ‘Ahora es el momento’, del que quiero hablar hoy. Esta novela, como el resto de su obra, refleja la esencia de su enfoque en la escritura peligrosa, un concepto que él mismo creó para describir la valentía de escribir lo que duele. Chuck Palahniuk, otro escritor que me ha marcado profundamente, fue uno de los muchos que bebieron de esa narrativa honesta y sin filtros.

En ‘Ahora es el momento’, el autor nos traslada a 1967, donde seguimos a Rigby John Klusener, un joven de 17 años que decide abandonar la granja de su familia en Idaho para escapar de su opresiva realidad y buscar algo que ni siquiera él sabe definir del todo, pero que siente de manera visceral. La novela abre con él al costado de una carretera, haciendo dedo, una imagen tan solitaria como significativa. Desde allí, el relato nos lleva de la mano en un viaje a través de su infancia y de los eventos que lo llevaron a estar allí.

Uno de los elementos más poderosos en la obra de Spanbauer es su capacidad para tomar detalles aparentemente insignificantes y convertirlos en los hilos que sostienen la trama entera. Un ejemplo claro es cómo una figura solitaria en la cocina, se convierte en un símbolo recurrente que enriquece la narrativa de Rigby. La estructura del libro no sigue una línea cronológica rígida, sino que retuerce el tiempo de manera casi imperceptible, permitiendo que los momentos cruciales de la historia se entrelacen con una elegancia sutil. Esta técnica mantiene al lector cautivado, pero también refleja cómo la memoria y la identidad se forman y deforman en nuestras mentes.

El viaje de Rigby es, en apariencia, el de una novela de coming of age, pero Tom logra evitar los clichés del género. Su uso del lenguaje es tanto lúdico como afilado, abordando temas como la sexualidad, el racismo, la violencia y la religión de una manera directa, pero no invasiva Rigby es un protagonista simpático, un joven cuya humanidad desborda las páginas. Sus dudas, miedos y deseos se vuelven palpables; no se nos dice que es vulnerable, sino que lo sentimos en sus gestos, en la tensión de sus piernas y en su estómago que se retuerce al enfrentarse a los compañeros que le gustan.

A nivel técnico, la novela es un ejemplo brillante de cómo el minimalismo literario —sello del autor—, puede ser tan poderoso como cualquier prosa elaborada. Cada palabra, cada gesto está cuidadosamente elegido para transmitir la emoción justa. El escritor presta especial atención al cuerpo, tanto el de Rigby como el de los personajes que lo rodean. Las descripciones de las manos ásperas y curtidas de la madre de Rigby, o las líneas que se arrugas en su boca por apretar los dientes, nos anclan en la realidad física de estos personajes, haciéndolos aún más tangibles y dolorosamente reales.

La influencia de Spanbauer en la literatura contemporánea es incuestionable. Nominado al Pulitzer por ‘El hombre que se enamoró de la luna’, fue un novelista que no temía entrar al lado oscuro, en lo incómodo, en lo que muchos preferirían ignorar. Sin embargo, lo hizo con una compasión y una humanidad que resonaron profundamente en sus lectores.

‘Ahora es el momento’ no es solo una historia para mí; es una obra maestra que me recuerda el poder transformador de la literatura. Con su estilo distintivo y su enfoque honesto, Spanbauer creó un legado que perdurará mucho más allá de su muerte. Al igual que Rigby John, todos buscamos algo, una verdad que quizás no podamos nombrar, pero que sentimos intensamente. Y eso es lo que hace esta novela: nos lleva a ese lugar incierto, nos deja explorar nuestras propias heridas y nos recuerda que, al final, siempre hay un momento en el que debemos enfrentarnos a nosotros mismos.

Descansa en paz, Tom. Tus historias siguen vivas en mí y en cada lector que se atreve a mirar más allá de la superficie.


Fotografía de ©Brett Mann


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