Blackwater II: El Dique de Michael McDowell, el anhelo por controlar lo indómito
‘Blackwater: El Dique’, la
segunda novela de la saga ‘Blackwater’ de Michael McDowell, retoma la historia
dos años después de los eventos de La Riada. Nos reencontramos con la familia
Caskey en Perdido, Alabama, un pueblo aún marcado por las extrañas y
aterradoras circunstancias que los envolvieron en la primera parte. Esta vez,
la atención gira en torno a la construcción de un dique, una monumental obra
destinada a proteger al pueblo de futuras inundaciones. Pero, más allá de su
función práctica, el dique se convierte en un símbolo cargado de significados,
tanto para la vida de los personajes como para el destino de Perdido. En el
centro de todo, Elinor Caskey, cuyo poder y misterio se profundizan, sigue
moviendo los hilos de manera sutil y calculada.
Con ‘El Dique’, Michael McDowell
reafirma su habilidad para crear una atmósfera gótica, en la que el suspenso y
el terror se desarrollan de forma gradual pero implacable. La trama avanza con
una sensación de fatalidad inevitable, envolviendo al lector en un ambiente
inquietante que parece presagiar algo terrible. El escritor utiliza el paisaje
del río Perdido y la construcción del dique como metáforas del conflicto entre
la naturaleza y la civilización. A medida que se avanza en la construcción,
queda claro que alterar el flujo del río no será una tarea fácil, y las
consecuencias de desafiar a la naturaleza se sienten en cada rincón del pueblo.
Elinor Caskey, que ya en La Riada
se perfilaba como una figura enigmática y poderosa, ha evolucionado aún más.
Ahora es una figura clave dentro de la sociedad de Perdido, respetada y temida
a partes iguales. Su relación con el río sigue siendo casi sobrenatural, y su
conexión con las fuerzas naturales del entorno parece intensificarse. En esta
ocasión, renuncia a su férrea oposición a la construcción del dique para que su
esposo, Oscar, pueda liberarse del yugo de su madre, Mary-Love, y tomar el
control en la empresa familiar. Esta dinámica de poder, que ya estaba presente
en el primer libro, se vuelve más intensa en El Dique, donde el conflicto entre
Elinor y Mary-Love alcanza nuevos niveles de manipulación y rivalidad. Elinor,
siempre calculadora, está dispuesta a hacer lo necesario para asegurarse de que
su hija recién nacida, Frances, herede una fortuna y una posición de poder en
la familia.
La construcción del dique no solo
altera la relación entre los personajes, sino también la vida en el pueblo de
Perdido. El arribo de nuevos trabajadores migrantes, la llegada de prostitutas
y el aumento del comercio ilícito transforman la economía y la estructura
social del lugar. El dique se convierte en un símbolo del progreso, pero
también de la ambición desmedida y la destrucción. La tranquilidad del pueblo
se ve perturbada, y los habitantes empiezan a percibir que algo oscuro acecha
tras esta obra aparentemente necesaria.
Dentro de los múltiples
conflictos, la rivalidad entre Elinor y Mary-Love continúa siendo un eje
central. Las dos mujeres, ambas fuertes y decididas, luchan por el control de
la familia y de Perdido en su conjunto. Por otro lado, la relación entre Elinor
y Oscar también experimenta cambios. Si bien Oscar sigue siendo influenciado
por su madre, Elinor comienza a ejercer un control más evidente sobre él,
moldeando sus decisiones y asegurándose de que él asuma un papel más relevante
en la empresa familiar. Mientras tanto, las dinámicas familiares dentro de los
Caskey están cargadas de tensión, especialmente con la llegada de nuevos
personajes, como Queenie Strickland, quien entra en escena como una aliada
inesperada de Elinor, complicando aún más las tensiones dentro del clan.
El componente sobrenatural y el
horror gótico siguen siendo parte esencial de la trama. McDowell logra infundir
en la novela una atmósfera de terror psicológico que se manifiesta no solo en
los personajes, sino también en los eventos que rodean la construcción del
dique. La desaparición de un niño clave en la historia marca uno de los momentos
más inquietantes de la novela. Aunque la narración es ambigua en cuanto a las
circunstancias exactas, queda claro que hay algo oscuro en juego relacionado
con el río y la construcción del dique. El impacto de este suceso sacude
profundamente a la familia Debordenave, quienes, incapaces de superar la
tragedia, terminan vendiendo su negocio. Esta decisión genera un cambio
significativo en la estructura económica del pueblo y contribuye a que el
esposo de Elinor empiece a ocupar un lugar más destacado en la empresa
familiar, alineándose con los objetivos que ella había trazado.
Además, el folclore y las
supersticiones locales cobran mayor relevancia, como en el caso del conjuro
realizado por Sister y su criada Ivey Sapp, una escena impregnada de creencias
tradicionales que agrega otra capa de misterio a la historia. Estos elementos
folclóricos no solo enriquecen el ambiente gótico de la novela, sino que
también refuerzan la lucha entre las fuerzas naturales y las ambiciones
humanas, un conflicto que atraviesa toda la obra.
En definitiva, ‘Blackwater: El
Dique' es una continuación digna de la primera parte, en la que Michael
McDowell profundiza en los temas de poder, control y ambición que caracterizan
a los Caskey. El autor no solo mantiene el tono oscuro y tenso de La Riada,
sino que introduce nuevos elementos de terror y folclore que hacen que esta
segunda parte sea aún más perturbadora. La novela explora el equilibrio entre
la naturaleza y la civilización, así como las consecuencias de intervenir en lo
que no se comprende del todo.
McDowell nos deja, una vez más,
al borde de un cliffhanger, anticipando lo que vendrá en la tercera y cuarta
parte de la saga, que ya se encuentran en preventa en Buscalibre. La tensión
sigue aumentando, y el destino de los Caskey, así como de todo Perdido, sigue
en juego. Con ‘El Dique’, el autor logra cautivar y aterrar en igual medida,
consolidando su lugar como uno de los grandes narradores de terror gótico
sureño.


