La clase de griego de Han Kang: La pérdida en lo indecible
'La clase de griego' de Han Kang,
ganadora del Premio Nobel de Literatura 2024, nos transporta a Seúl para
explorar la conexión entre dos personas marcadas por la pérdida: una mujer que
ha quedado sin voz y un profesor que paulatinamente se está quedando ciego. A
través de esta historia de dolor y aislamiento, el lenguaje se convierte en un
salvavidas y a la vez en una prisión, mientras Han Kang examina la
vulnerabilidad humana y los límites de la comunicación.
La mujer protagonista, cuyo
nombre nunca se menciona, enfrenta desgracias que han erosionado su vida. Tras
un divorcio traumático, ha perdido la custodia de su hijo, que no desea migrar
a otro país con su padre. La angustia y el peso de esta situación parecen haber
reavivado su mutismo, una condición que sufrió en su infancia y que ahora la
separa aún más de su entorno. La pérdida de la voz se convierte en una barrera
física y en un abismo emocional donde las palabras se disocian de su cuerpo y
se tornan inaccesibles. En un intento por sanar, decide estudiar griego
antiguo, una lengua que le atrae precisamente por su naturaleza lejana y su
complejidad simbólica.
Por otro lado, su profesor de
griego, quien está a punto de quedar ciego, también lucha contra el peso de una
tragedia profunda: una relación fallida con una mujer a quien amó intensamente
en su juventud en Alemania, quien parecía no aceptar su propia sordera. Este
rechazo lo marcó profundamente, y ahora, con su propia discapacidad inminente,
revive el dolor de esa conexión que se rompió en parte por su incapacidad para
entender sus limitaciones mutuas. Su mundo se va reduciendo a un espacio de
sombras y recuerdos, donde los detalles visuales se vuelven borrosos,
insuficientes para expresar lo que realmente desea.
El griego antiguo, como un
lenguaje que encierra múltiples significados en cada palabra, representa para
la mujer una posible vía de escape y al mismo tiempo un reflejo de su silencio.
La idea de encapsular sentimientos y significados en formas cerradas parece un
espejo de su mutismo, su incapacidad para expresarse plenamente. La relación
entre ella y el profesor crece en este espacio de limitaciones compartidas, una
conexión no verbal que adquiere su propia fuerza a través de miradas y
proximidades. El romance que surge entre ellos no se basa en palabras, sino en
sensaciones y en una intimidad silenciosa que Han Kang describe con una prosa
desgarradora y exquisitamente contenida en “Diálogo
en la oscuridad”
La escritura de Han Kang en 'La
clase de griego' es un ejercicio de lo no dicho, de pausas cargadas de
intensidad emocional. La autora crea una atmósfera densa, donde el silencio y
la oscuridad se sienten casi palpables. Los detalles sensoriales —el tacto, el
sonido de una gota cayendo en el lavabo, la textura del silencio— cobran tanta
importancia como los diálogos, construyendo un retablo sensorial que nos
recuerda la fragilidad y el aislamiento de los protagonistas. Es imposible leer
esta novela sin sentir que algo se quiebra dentro, una tristeza que cala
profundamente y permanece mucho después de cerrar el libro.
Explorar esta historia fue un proceso
emocionalmente desgastante, en especial por la cercanía que sentí con la
protagonista y sus luchas; y luego por la ansiedad reflejada en el profesor, un
temor que también es mío: la posibilidad de perder la vista. Ambos compartimos
la ceguera parcial en el ojo izquierdo, pero mi preocupación va más allá. La
incertidumbre, alimentada por la falta de un diagnóstico preciso o respuestas
médicas sobre si mi condición podría extenderse al otro ojo, convierte esta
amenaza en algo aún más perturbador, como una sombra que acecha en silencio.
Este miedo profundo resuena en el
relato de Han Kang, donde el profesor, aunque cuenta con una certeza médica,
enfrenta de manera inexorable la oscuridad que avanza en su vida. En ambos
casos, la capacidad de ver, tan esencial para conectar con el mundo, se
convierte en un bien frágil. La novela es un espejo, y la autora logra plasmar
en sus personajes esa sensación de “muerte” gradual que conecta profundamente
con mis experiencias que, aunque dolorosas, terminan por moldear nuestra
relación con el mundo y con los demás.
'La clase de griego' no es una
lectura sencilla ni una que ofrezca respuestas. Es, en cambio, un testimonio de
la complejidad de dejar ir, de cómo el dolor y la conexión pueden manifestarse
de formas inesperadas, incluso en lenguas que no hablamos y en miradas que
nunca llegan a encontrarse del todo.


