Blackwater IV: La Guerra de Michael McDowell, los Caskey contra el mundo
Con ‘La Guerra’, Michael McDowell
nos transporta a la cuarta entrega de su cautivadora saga Blackwater, enfocándose en los más jóvenes de la familia Caskey y
las tensiones que moldean su destino. Aunque este libro puede no tener la misma
intensidad que los anteriores, sigue siendo una lectura fluida y cautivadora,
donde las páginas vuelan con facilidad. McDowell equilibra magistralmente los
momentos de calma con escenas que presagian el clímax en los tomos finales. Una
de las más memorables y espeluznantes revela nuevos secretos sobre la
misteriosa Elinor, un personaje que nunca deja de inquietar.
El título ‘La Guerra’ parece
prometer conflictos intensos, ya sea entre las hermanas Miriam y Frances o
relacionados con los impactos de la Segunda Guerra Mundial en el pueblo de
Perdido. Sin embargo, al igual que en La Depresión de la tercera parte, el
conflicto bélico actúa más como un trasfondo que afecta la economía de los
personajes, mientras ellos permanecen algo aislados de las realidades
históricas. Perdido sigue siendo una suerte de maqueta, un mundo encapsulado
donde los grandes eventos del exterior apenas rozan la vida cotidiana.
En este contexto, Oscar Caskey
aprovecha la guerra para enriquecer a su familia mediante un lucrativo contrato
con el gobierno para la producción de postes eléctricos. Su esposa, Elinor,
cuya enigmática presencia es el corazón de la saga, demuestra una vez más su
habilidad para planear a largo plazo. Pero mientras la riqueza de los Caskey
crece, las tensiones entre las hermanas Miriam y Frances evolucionan. Lo que
antes era odio, alimentado por la difunta Mary-Love, se transforma en un
vínculo silencioso durante sus viajes matutinos a la playa, donde Frances
descubre una conexión casi mística con el mar, heredada de su madre.
El libro también explora los inevitables
cambios generacionales. Los hijos de los Caskey buscan su camino: se enamoran,
eligen carreras y enfrentan las incertidumbres de la guerra, mientras la
generación anterior envejece con resignación. Personajes como James sienten el
peso de los tiempos, especialmente cuando su sobrino Danjo es enviado a
combatir en Alemania, una experiencia que presagia tanto pérdidas como
transformaciones.
Entre tanto, Miriam se convierte en un pilar central de la familia y la empresa Caskey. Luego de sus difíciles años universitarios, donde enfrentó grandes desafíos, opta por no quedarse en el campus y comienza a viajar a diario, priorizando la convivencia con su familia. Una vez graduada, trabaja junto a Oscar —a quien nunca llama papá— y se consolida como una figura indispensable en el negocio. Sus empleados le temen y la respetan, pues su dedicación y ética de trabajo la vuelven implacable. Sin embargo, cuando parece haber dejado atrás el legado de Mary-Love, Miriam sorprende con acciones que recuerdan que sigue siendo, en esencia, una creación de su difunta abuela.
Por otro lado, los descendientes
de Queenie Strickland aportan drama y movimiento a la trama. Su hijo Malcolm, un
inadaptado sin rumbo, se asocia con Travis Gann, un empleado problemático del
aserradero de los Caskey, para cometer un robo que sacude la tranquilidad de
Perdido. Este acto desencadena una serie de eventos que culminan en tragedias
devastadoras: un ataque que obliga a Lucille a huir junto a Grace a una granja
aislada y la revelación del verdadero ser de Frances, quien, en un momento de
horror sobrenatural, busca venganza contra Travis. Estos giros intensifican la
narrativa y abren nuevas interrogantes para los siguientes libros.
El autor también destaca por su
sensibilidad al incluir personajes y temas poco comunes para la época en que la
saga transcurre. Grace Caskey, miembro de la familia y profesora de educación
física, regresa a Perdido y se establece como un personaje queer cuya vida desafía las normas sociales del momento. La
narrativa aborda su independencia económica y su relación con Lucille, hija de
Queenie, con una naturalidad que evita el anacronismo. Esta trama permite
reflexionar sobre cómo el privilegio económico puede proteger a los individuos
de la discriminación, y cómo las redes familiares pueden generar una “realidad
alternativa” donde es posible vivir al margen de las críticas sociales.
Entre tanto, la vida cotidiana en
Perdido sigue su curso. Los militares frecuentan un salón de baile junto al
lago, lo que introduce nuevos personajes, como el apuesto Billy Bronze, quien
se convierte en un elemento clave al infiltrarse astutamente en la dinámica
familiar de los Caskey.
Si bien ‘La Guerra’ carece del
horror visceral que definía a ‘La Riada’ o ‘La Casa’, sigue ofreciendo momentos
inquietantes que preparan el terreno para el descelnace de la saga. La
desaparición de dos adolescentes, una violación y la brutal venganza que le sigue,
así como las revelaciones sobre el origen de Elinor, mantienen al lector en
vilo. McDowell demuestra una vez más su habilidad para dosificar la tensión y
dejarnos esperando más.
Aunque no alcanza las alturas de
las primeras entregas, ‘La Guerra’ sigue siendo una novela cómoda y
entretenida, que avanza con paso firme hacia un clímax que promete ser
inolvidable. Porque, al fin y al cabo, en Perdido, hasta la más tranquila de
las maquetas puede ocultar un abismo.


